Cuentos, relatos, poesía…




lunes, 16 de enero de 2017

el escondite



La habitación es pequeña y abuhardillada. Las paredes están empapeladas en amarillo pálido y el suelo es de madera antigua. En una estantería junto al escritorio se amontonan novelas, libros de poesía y biografías. Dos sillas Art Decó y una lamparita de latón decoran la estancia. Destaca sobre la mesa un viejo calendario con una imagen de la estatua de la libertad, comprado como recuerdo en algún viaje. Para acceder hay que subir por una estrecha escalinata sin barandilla y una vez arriba tantear con la palma de la mano hasta encontrar el interruptor de la luz.

Es un lugar especial. Desde allí no puedes ver las estrellas ni respirar el aire tranquilo de la noche, no se ve el horizonte ni la lejanía. No es un lugar para soñar. Es un escondite, un secreto, un lugar para pensar.

Algunas noches el sonido monótono e incesante de las teclas retumban por toda la casa.  Otras, en cambio, el silencio inunda el espacio y las teclas suenan frías y distantes. 


Sin embargo, al igual que una pócima, la escritura libera el vapor que encerrado bajo llave hubiera sido capaz de corroer hasta el más puro cuerpo metálico. 


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