Cuentos, relatos, poesía…




sábado, 29 de junio de 2013

La quedada I


( Ejercicio de la quedada utilizando las siguientes palabras: mascarilla de limón, avión en Sudamerica,  cuatro amigos, tinta sobre la arena )


Extendió la fría mascarilla de limón sobre el rostro y le sobrevino un escalofrío. Las voces de la televisión le llegaban lejanas. Acomodada en el sofá con las piernas sobre un almohadón rememoraba la conversación de la pasada noche. 

Por primera vez los cuatro amigos se reunían alrededor de una mesa. Nunca se habían visto. La única referencia eran los mensajes escritos que se intercambiaban a diario en la red. El señuelo fue un antiguo libro encuadernado en piel color humo cuya fábula representaba la vida. María lo ojeaba sin perder de vista las agujas del reloj mientras esperaba a sus camaradas. Dieron las siete. Mar apareció en el local acompañada de Jesús buscando con los ojos a la chica vestida de verde. A los pocos minutos un hombre corpulento se reunió con ellos, era Pablo.

A la luz de las velas las confidencias colmaron la conversación. Cada uno de ellos descubrió su historia, el momento, el lugar y el suceso que los impulsó a emprender el camino que los había reunido. Leyeron en la intimidad de la velada. María observaba la profunda mirada de Mar y la expresión serena de  Pablo mientras Jesús leía. Fueron las palabras de él las que se ovillaron en su cerebro. Un viaje hacia Sudamérica, una tormenta tropical y el incendio de uno de los motores del avión. El aparato en llamas con 250 pasajeros perdiendo altura e impactando una y otra vez en el terreno hostil que se convertiría en el último paisaje de sus vidas. Restos esparcidos por el paraje desolado a lo largo de un kilómetro. Un único superviviente que llevó su cuerpo hasta la costa dejando un rastro sanguinolento cual tinta sobre la arena. Jesús, el hombre salvo, relataba la historia que pronto publicarían en Norteamérica. 

María sintió que la mascarilla se había quedado seca. Miró el reloj y vio que era muy tarde pero había perdido el sueño. Las aventuras que narraron Pablo y Mar la desconcertaron. Sin embargo su verdadera preocupación era la impresión que causó a sus amigos su historia, la que ella relató. Una historia que aún no había acabado.

domingo, 16 de junio de 2013

Estrés en la voz.... (2012)


Un día y otro día, un mes y otro mes. Años y años impartiendo clase. Qué labor la del profesor!  Y luego el tópico de qué bien vivimos... Es verdad, dedicamos nuestro tiempo  y energías a una profesión por la que tenemos vocación, sino...  ¡Quién lo aguantaría! Y es que el empeño en que a mis alumnos les llegue la información, que mantengan la atención, que comprendan la materia, todo ese empeño está agarrotado a mi garganta. Y así me pasa, que ya camino con el cuello estirado cual gallina de corral, la mandíbula apretada, garganta estrangulada y el sonido que sale de ella algo así como un extraño cacareo.
El caso es que fuí tirando, pero llegó un día que ya no me salió la voz. Y me fui a la mutua, "Creo que allí será más rápida la atención”, pensé. El otorrino me introdujo la maquinita de video por la garganta y allí no vio nada grave:
-Ni pólipos, ni tumores. Tienes toda la garganta inflamada, casi no se te ven las cuerdas vocales, por eso suena así tu voz. Pero no tienes ninguna dolencia orgánica.
-Pero es que soy profesora de música, no puedo cantar y apenas me sale la voz- contesté.
-Lo siento, no podemos atenderte en la mutua, no es grave.
-De acuerdo- respondí resignada-  gracias y adiós.
“Vaya, tendré que ir a la seguridad social” me dije.
Primero el médico de familia, que amablemente me hizo un volante para el otorrino:
-Bien, veo que tienes una fuerte inflamación,  te haré un volante para el otorrino, aunque no tienes dolencias orgánicas. De todas formas le llevas las fotos que te han hecho en la mutua para que las valore.
-Muy bien gracias
Otorrino D. Estiradillo González:
-Bien, ¿qué le ocurre?
-No puedo hablar y menos cantar, y soy profesora de música.
-Bien, el volante dice claramente que ya le han hecho las pruebas y que no tiene  usted dolencias orgánicas, entonces ¿por qué viene a la consulta?- me pregunta sin mirarme a la cara, dejándome  perpleja.
-Pues, no sé….-respondo desorientada.
Me examina brevemente.
-Tengo aquí las pruebas- digo
-Bien, le han hecho las pruebas y no tiene nada, eso es todo- me dice sin mirarlas. 
Los nervios me atacan y él sigue sin mirarme a la cara. Y pienso,” o me arriesgo o me quedo sin rehabilitación para la voz”.
-Mire, si no me da usted el volante para la rehabilitación voy a tener que ir por mi cuenta, porque así no puedo trabajar.
Sin mirarme aún a la cara, después de dudar un instante, coge una hoja y me la entrega.
-Muy bien,  su volante, buenos días.
“Uf, por fin”, pienso yo. Y al salir voy a ventanilla y me informan:
-Tiene que sellar el volante en Inspección y ahora mismo le doy cita con el logopeda, ¿le parece bien mañana a las 11h?.
-Perfecto- digo yo y pienso  “bueno, esto va bien”
-Ah, perdone, Inspección me dicen que solo es para urgencias, tiene que ir a su ambulatorio y sellarlo allí.
-De acuerdo- respondo.
Esa misma tarde en mi  ambulatorio….
- Bien, déjeme el volante y venga a recogerlo en una semana.
- Pero si tengo cita mañana... ¿no me lo puede sellar ahora?-le pregunto algo alterada.
-No, no es posible, porque desde cada ambulatorio se envían los volantes a Inspección y tardan 7 días en devolverlos sellados.
-¿También desde el ambulatorio donde están las especialidades, que es desde donde me han enviado?
-Sí- me dice.
Otra vez me quedo perpleja.
-Vaya y ¿cómo lo hago?- le pregunto.
-Puede intentar ir personalmente a Inspección, aunque solo atienden urgencias…Y si no, tiene otra opción, puede ir al edificio del Gobierno Vasco y en la sección 221 hay un medico que también lleva el tema de Inspección.
-¿Y en qué horario?
-De 9h a 15h- me responde.
“Pues ya es tarde” -pienso- “bueno, iré mañana a primera hora y si solo es un sello todavía tengo un rato hasta la cita con la logopeda”.
Lloviendo a mares llego al elegante edificio, y allí tras esperar un ratito a que el médico me atienda, paso a su despacho, y me explico como puedo….”solo es un sello…” pienso.
-Bien, no termino de entenderla, señorita- me dice el inspector
“Y yo tampoco lo entiendo”- mascullo entre dientes, intuyendo que aquel no es el sitio donde me van a sellar el volante.
-Perdone pero tengo que comprobar que lo que usted me está diciendo es así. Es la primera noticia que tengo de que ahora no se sella en Inspección- me dice muy solemnemente.
Y a mí me sale humo. Pero él con toda su parsimonia pero con mucha educación comienza a realizar llamadas y pedir explicaciones. Finalmente cuelga el auricular y me dice:
-Tenía usted razón, pero he dado su nombre y puede dirigirse a la Inspección y allí le sellarán el volante.
El humo se convierte sudor y mala leche y hago un último esfuerzo por liquidar el tema.
-Y¿no sería usted tan amable de que, ya que estoy aquí y que he dado ya muchas vueltas, de ponerme un sello en el volante?.
-Yo no puedo saltarme al titular que se encuentra en inspección, señorita, lo siento. Ahora usted se coge el autobús 33 y tranquilamente en diez minutos está allí y se lo sellan sin problema-me aclara.
Viendo que ninguna insistencia resultaría, aprieto los dientes y procurando no decir ningún disparate al hombre de la parsimonia y la buena educación, me despido diciéndole:
-Tengo coche y no me sobra ni un minuto porque ahora debería estar trabajando y no dando vueltas sin sentido por toda esta burocracia. Buenos días.
-Buenos días y disculpe señorita.
Salgo del edificio resignada pero ya la lluvia ni me moja, “paciencia” pienso, “aun me queda tiempo”.
Aparco el coche, pongo de nuevo un ticket de OTA y llego a Inspección.
-Vengo a sellar este volante- digo decidida a la recepcionista.
-Espere un momentito por favor que tiene que entrevistarse con el inspector.
“¿Qué?” pienso horrorizada, “¿tengo que volver a explicar lo de las dichosas cuerdas vocales?
A los pocos minutos aparece un hombre muy sonriente para ser inspector y me saluda por mi nombre:
-Hola María.
Y yo no sé lo que me espera, ¿me habrán tomado por terrorista? me pregunto.
-¿Qué te pasa, por qué motivo has ido al otorrino?- me tutea- porque en el volante no hay ninguna valoración.
Y yo pienso “y yo que sé porque no la hay.” De nuevo a contar la historia. Según voy hablando me siento ridícula, me estoy justificando como una niña  y la sonrisa del hombre sigue ahí amenazándome, mi ya débil voz empieza a temblar y según hablo me contengo unas incipientes ganas de llorar y el inspector entonces me dice:
- Tranquila mujer.
Y  yo ya no se que más decirle, solo quiero el sello para el volante para rehabilitarme la voz.
Pero él necesita algún dato más.
 -¿Eres autónoma?
-Sí.
-Pues debes de pagar el plus para cotizar el paro.
-Sí, ya lo pago- digo desconcertada
-Y tienes que ir a la mutua para coger la baja.
-Si no estoy de baja.
-¿Y vas a hacer rehabilitación sin estar de baja?
Y yo elevo los hombros porque no entiendo nada. Y después de mirarnos un rato a la cara como si de asunto de estado se tratara, le digo:
-¿Me sella el volante, por favor?
Y finalmente me dice:
-Por supuesto-  lo sella y me lo entrega-  Aquí lo tienes.
Y salgo descompuesta y sintiéndome una autentica malhechora que ha conseguido cruzar la frontera sin ser detectada.
Bien el tiempo justo para llegar a la consulta de la logopeda. Aparco y vuelvo a poner un ticket.
Me siento a esperar y aprovecho el rato para serenarme,” ha sido difícil pero lo he conseguido, ni que fuera Fernando Alonso”, y sonrío.
Entro en la consulta y la médico muy amable me hace unas pruebas y me confirma:
-Bien no tienes lesiones orgánicas pero tienes una inflamación crónica que hay que tratar. En tu caso es imprescindible para recuperar tu voz que hagas la terapia, y te va a venir muy bien, ya verás.
Y me pide los datos, consulta su ordenador y me dice:
-Perdona pero el ordenador me dice que no estás en la lista porque ya has empezado la terapia hace un mes.
-¿Queeeé?
Al verme tan apurada sale a comprobar los datos y al volver me dice:
-No, ha sido un error nuestro, te habíamos colocado en la lista equivocada. No hay ningún problema para que hagas la rehabilitación. Te voy a dar el horario para que empieces cuanto antes.
-Estupendo- Digo débilmente.
Y desencajada, le pregunto:
-¿Cuál es el diagnostico?
-Estrés en la voz





miércoles, 12 de junio de 2013

Soñé



Infinidad de estrellas cayeron sobre mí y se enredaron en mi pelo. Nada había más hermoso que las brillantes lucecitas. Una tras otra cual copos de nieve. Un manto azulado me cubrió y soñé. Era mi espacio infinito, donde mis pensamientos se realizarían. Era mi tiempo. Mi destino.
A través de aquellas luces imagine caballos libres al galope que se transformaban en gacelas brincando en el bosque, acariciando con sus patas las briznas de hierba olvidadas de la pradera, bebiendo de dulces charcas con la punta de la lengua. Imaginé miles de flores que bailaban acompasadas en el silencio. Suave plumaje de aves dispersas. Imaginé colores en el horizonte.
Cubierta con el manto de estrellas soñé, y tú no estabas allí.

lunes, 10 de junio de 2013

Peine de los Vientos


 

Cielo claro, sol radiante, fresca brisa marina. Oigo gaviotas y las olas a mi espalda peinan las rocas. Mis ojos ahora son azules, porque el mar me rodea. Soy como uno de los hierros de Chillida, expuesto a las agresiones y solo en el horizonte, erosionado. Solo como el mar, como el sol, como la brisa. Espectador como ellos sobre la piedra de granito en el lugar más bonito de San Sebastián. Este es mi sitio.

miércoles, 5 de junio de 2013

Adios amigo



Caminas solo porque no hay nadie junto a ti. Si, sé lo que vas a decirme pero todas esas personas que se cruzan contigo no te ven, tú no eres nadie para ellas. Bellas, altas, atléticas, todas con la misma sonrisa extraña.  Es un camino árido el tuyo y tus pies se arrastran ya sin fuerza. Tienes la garganta seca, dañada porque has gritado pidiéndoles ayuda, te has asido de su cuello, pero es igual porque son impasibles. Llegaste a golpearles con fuerza en tu desesperación y rasgaste sus ropas, pero sólo obtuviste desprecio. Recuerda, recuerda que hace tiempo que ya te lo decían, pero tú no hacías caso, no supiste atender sus normas, no supiste entender su lenguaje y eso es lo que te queda, la soledad, el ostracismo, la inanición. Es el camino que has elegido, has elegido viajar solo y ha llegado tu hora. Tienes un abismo ante ti y qué harás. No creo que lo logres, estoy seguro de que no. El paso es resbaladizo y a los lados una profunda depresión y  un furioso torrente de gélidas aguas te amenazan. Venga, date la vuelta, únete a ellos o acabarás muerto. Eres tozudo y no quiero seguir contigo, dejaré que corras tu suerte. Siempre intenté ayudarte, ser tu amigo, pero tú nunca me quisiste, creo que nunca me escuchaste. Adiós amigo. Siempre te recordaré, el último hombre que conocí, esa especie débil, que llora cuando su frágil cobertura se rasga por accidente, que nubla su expresión a la mínima contradicción y que es tan quebradizo que necesita el calor de sus homónimos  tanto como el alimento para subsistir. Una especie en decadencia, una especie a extinguir, una especie acabada. Y tú fuiste el último.

domingo, 2 de junio de 2013

Carta premiada en XL Semanal n.º 1271 ¿Lo tienes?



Siempre queda el recuerdo de lo que han sido los amores de tu vida.

El amor del colegio, ese chico que por alguna razón, cuando te miraba, te ponía nerviosa y buscabas descubrir qué significaba aquello, por qué él era distinto a los demás.
El amor del verano, en el pueblo de los abuelos donde cada año en temporada de playa todo era tan divertido y los cuerpos al sol eran tan atractivos.
El profesor de tu adolescencia, el chico que representaba la madurez, la inteligencia y lo inaccesible, que parecía atenderte con dedicación exclusiva.
El chico de tus primeras discotecas, que por alguna extraña razón se cruza en tu camino y se queda para siempre.

Pero luego vendrán más... Acompañándote el resto de tu vida para redordarte que eres un ser humano.

El marido de tu amiga, que te tienta y te tienta.
El chico joven, que te provoca haciéndote recordar que la edad existe, pero que, además de humana, eres mujer.
El desconocido que cada día se cruza contigo y con quien parece existir un imán poderoso.
Y más...

El amor significa la ilusión y, tras la conquista, la felicidad. Y dicho de otra manera, eres feliz si tienes contigo al amor de tu vida, el más fuerte de todos los que te han acompañado, el que tú quieres.

¿Lo tienes?

 

sábado, 1 de junio de 2013

La increíble historia de un hombre estúpido (2012)



Bobo, juerguista e inmaduro, solía llegar a casa de madrugada. Bebido, tambaleante, le era casi imposible llevar la llave hasta la angosta cerradura de la puerta y muchas veces terminaba roncando en la escalera.

Bobo fue un niño tan lindo y tan simpático… su madre se enamoró de él nada más verle. Sus 3 años fueron muy graciosos y sus 7, también sus 15. Con 40 mantenía esa graciosa carita que hacía que su madre, mujer de mil arrugas, le perdonara todo, absolutamente todo. Incluidas las meadas de madrugada a lo largo de todo el pasillo y por supuesto sobre la alfombra que aunque ya tenía tantos años como él, aun se conservaba con la frescura del primer día, igual que Bobo.

Cuando Bobo tenía dinero todo iba sobre ruedas, pero para la primera semana del mes ya estaba sin blanca. Ya había invitado a todos sus amigos varias veces y otras tantas había visitado villa 69, donde se podía elegir entre la de 40, 50 o 60 euros. Bien vestido y repeinado, esos días Bobo destilaba un particular tufillo a colonia y calzoncillo usado. Eufórico podías verlo pasar con el coche de su madre por mitad del pueblo comiéndose descaradamente las rotondas. Cuando el municipal le daba el alto, éste terminaba destornillándose de risa con Bobo, “oye colega, mañana me como la otra mitad y listo”. Pero las multas le caían igual, por mucho que invitara a copas a todo el regimiento de munipas. Y su madre no podía ver su carita de pena, triste, decaído y sin posibilidad de tomarse algo según avanzaba el mes. No, allí estaba ella para ayudar a su pequeñín. Y Bobo volvía a las andadas, las juergas, las invitaciones, las borracheras que acababan en villa 69 y las meadas en el pasillo, “¿es que no estoy en el inodoro????” decía mientras descargaba litros y litros de cerveza procesada.

Y os preguntaréis porque razón su madre le trataba así, pues porque Bobo es un enfermo. Sí de muy niño casi se muere en los brazos de su madre de un fuerte ataque de asma y desde entonces ella no le deja ni a sol ni a sombra. Todo por su hijo. Y no mejoraba, aunque quizás fuera porque Bobo no dejaba de fumar como un cosaco, ni de beber a todas horas. Y claro, cuando perdía el Ventolín, venían los problemas. A veces su madre tenía que arrastrar los 80 kilos de Bobo hasta el hospital más cercano. El médico siempre le decía lo mismo “déjelo señora, a ver si se ahoga y escarmienta”.

Pobre Bobo, tenía hasta mala suerte. Un día tenía tal cogorza que cuando aparcó el coche para entrar a trabajar se dio cuenta que así sin dormir y como iba su jefe se iba a dar cuenta. Mejor ponerle una excusa, que estaba enfermo. Cuando colgó el teléfono se quitó un gran peso de encima, “qué bien” y se durmió. Sí, allí, en el coche, en la puerta de su fábrica. Qué mala suerte que su jefe había aparcado allí mismo y pilló a Bobo que aun seguía durmiendo la mona al acabar la jornada. De nuevo su madre tuvo que buscarle algo. Le llevó al reformatorio, a ver si había algún trabajo que él pudiera hacer. Ahora, que ya lleva un tiempo allí, están muy contentos con él, ya le dicen a su madre “se entiende con todos de maravilla”.

Bobo, tan cariñoso… Sobre las 3 de la mañana cuando ya tenía un puntito solía llamar a su madre para preguntarle qué tal estaba, pero sobre todo para hacerle la misma pregunta de siempre “¿me quieres?”. Aquel día que su madre salió con las amigas, fíjate como la cuida que al llegar el a las 3 de la madrugada y ver que ella no estaba en la casa, llamó a la policía, a urgencias, a todo a quien se le ocurrió, pero no hubo nada que hacer, se rindió, la habían raptado, qué disgusto más grande. Desolado lo encontró su madre sobre las 5 de la mañana en el balcón llorando a moco tendido y hecho una piltrafa.

Qué buen corazón, ya lo dice su madre, tiene sus cosas pero es todo corazón, “ya querrían muchos ser así…”

El caso es que yo me pregunto:

Quién de los dos está peor, ¡por Dios!