Cuentos, relatos, poesía…




viernes, 21 de marzo de 2014

La estatua del parque


Me giré y te encontré a mi lado. El primer impulso fue abrazarte pero temí tu reacción. Insegura te acaricié el rostro, deslicé las manos por los hombros hasta encontrarme con unos brazos  inertes, fríos. Me acerque a tu pecho esperando oír un latido. Recorrí un cuerpo escultural, labrado a cincel, de medidas perfectas. No te inmutaste, sólo tus ojos me seguían, sin parpadear. Ante tu frialdad cedí y durante un momento me quedé esperando. Fue en vano. Me abroché el abrigo, levanté las solapas y sin despedirme me alejé del lugar.
 
Cada atardecer cuando camino hacia casa te observo, hierático en el centro del parque. En las noches de vigilia, sueño. En el calor del hogar siento con más dolor la intemperie del invierno, la que tu soportas ahí fuera. Ojalá viera una lágrima, aunque sólo fuera una, entonces sabría que debo intentarlo, que tal vez pueda llevarte conmigo. Pero hay algo a lo que te aferras, que te esclaviza. Quizás no quieras renunciar a otros visitantes que se detienen a admirar tu belleza, que sienten los mismos deseos de abrigarte y que se preguntan por qué continúas ahí. 
 
Un día descubriré que te han trasladado de parque. En una nueva ciudad y un nuevo paisaje hallarás a unos nuevos paseantes.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.